La culpa que no te deja vivir: cuando sobrevivir también duele

Cómo lograr que el sentimiento de culpa por un evento traumático que escapó de tu control no se vuelva una carga para ti

La culpa que no te deja vivir: cuando sobrevivir también duele

Hablemos de algo llamado “culpa”. Imagina por un momento que vas caminando por lo que antes fue un bosque y hoy es un lugar devastado por una tormenta. Donde antes hubo vida, ahora solo hay desolación.

Tú estás allí, caminando sin problemas por un lugar que fue y ya no es, y en lugar de sentirte afortunado, te sientes abatido. Una pregunta en tu cabeza te atormenta: “¿Por qué ellos y no yo?”.

La carga real o la herida emocional

Ese sentimiento que se cierne sobre ti y que transforma la fortuna de estar vivo en una especie de condena tiene un nombre: la culpa del superviviente. Y muchas veces es algo que te acompaña por el resto de tu vida.

Salir vivo de un trauma (llámese accidente o enfermedad) a veces no representa una victoria. A veces pesa como una gran mochila y parece más bien una deuda que no se puede saldar.

Luego de un evento que nos ha impactado profundamente, buscamos con mucho esfuerzo una explicación lógica que nos tranquilice. En la esfera del bienestar emocional, debemos saber diferenciar la responsabilidad real de la que nosotros mismos nos imponemos.

Separar lo que pudimos haber hecho de lo que debimos haber hecho es el paso inicial para empezar a sanar. No es igual ser responsables de algo que pasó que llevar un peso que heredamos solo por miedo.

El duelo por lo que fuimos

El duelo no solo se manifiesta cuando lloramos a quienes se han marchado o a aquella oportunidad que se perdió. También manifestamos duelo por eso que éramos antes del evento traumático.

Casi siempre el sobreviviente queda dando vueltas en una rueda sin fin tratando de encontrar a su “yo” que era ajeno al dolor. Sobrevivir implica una transformación, y eso hay que entenderlo.

La culpa nos ancla y no nos deja avanzar, haciéndonos ver que disfrutar de las cosas sencillas y cotidianas es como una especie de traición. La resiliencia verdadera es aceptar la cicatriz, pero sin dejar que defina nuestra vida. Haber superado el hecho no quita el derecho a vivir.

La integración: cuando cambia el paisaje

Cuando tomamos la decisión de encarar esa carga, se manifiesta algo en nuestro interior. Ya no vemos la supervivencia como algo malo o que nos atormenta: comenzamos a mirarla como una tribuna para dar testimonio.

Se forma una integración de tipo emocional cuando le permitimos al dolor coexistir con el sentimiento de gratitud sin que ambos se excluyan. Es una jugada estratégica: dejamos ir la culpa para que nuestro autoconcepto se reacomode.

Al hacer un cierre de ciclo, no nos estamos negando a mirar hacia atrás para no ver lo que pasó. Más bien estamos limpiando los escombros para ver qué nos llevamos y qué dejamos en el camino. Al dejar de culparnos, le damos su justo lugar a la vida y honramos a quienes ya se fueron.

Cómo superar la culpa

En la vida habrá eventos traumáticos que no podrás controlar; por lo tanto, reconocerlos es un gran inicio. Lo primero es entender que no eres responsable de lo que no puedes manejar. En ese sentido:

  • Practicar la autocompasión. No ser duro contigo. Reconocer que sentir culpa es una reacción normal y que no debes ser un juez implacable contigo mismo.
  • Reconocer tus límites. Acepta que no estaba a tu alcance controlar lo que sucedió ni predecirlo. Por lo tanto, puede ser el inicio de conocer más de ti, no de castigarte.
  • Integrar la culpa. Aprende a reconocer que esos pensamientos sobre lo que pudiste haber hecho son ideas nada más, no son parte de la realidad y quizás son una invitación a crecer e ir a un nuevo nivel de observador.

Importante: nunca está de más solicitar ayuda profesional.

Un nuevo comienzo

Empezar a transitar nuevos comienzos no es un proceso lineal. Tendrás días donde aparecerán fantasmas que te recuerden lo que pasó. Es ahí donde mostrarás capacidad para identificarlos como ráfagas del pasado y que no forman parte de tu presente.

Transitar este proceso es un camino de integración de sabiduría, de mirarlo desde diversos lugares y desde diversos zapatos muchas veces. Poder superar el sentimiento de culpa que te agobia es como el trabajo preciso de un relojero.

Para lograrlo necesitarás paciencia, mucha paciencia, compasión contigo mismo y valentía para reconocer que aún te falta camino por recorrer. Que tienes un propósito en esta vida y que tienes que cumplirlo. Entender qué es un cierre de ciclo.

Se trata de no dejar que tu mente juegue en tu contra haciéndote sentir menos. Tú eres valioso y eres el resultado de algo más grande que tiene que manifestarse. Debes convencerte de que debes seguir adelante.

Una reflexión

Si en este momento pudieses hablar con ese “yo” que se siente agobiado por el peso de lo que ocurrió, ¿qué le dirías para aliviar su carga? Muchas veces, haber superado una tormenta no es una demostración de valor, es poder aceptar la calma que viene como resultado.

Luego de vivir un episodio agrio, ¿sientes que eso que quedó en el pasado condiciona tus actos del día a día? Darte cuenta de ese patrón y reconocerlo es el paso inicial hacia una reconstrucción exitosa de tu verdadero ser.

Preguntas frecuentes

¿Por qué siento culpa si yo no provoqué el evento doloroso?

A ese sentimiento se le llama la “culpa del sobreviviente”, y nace de nuestra necesidad de explicar lógicamente lo que ocurrió. Preferimos culparnos de lo que pudo haberse hecho y no se hizo, a aceptar que ocurren cosas en la vida que son impredecibles y que en ocasiones escapan a nuestro control.

¿Cómo diferenciar la responsabilidad real de la carga emocional?

Nuestra responsabilidad real está sujeta a hechos directos, mientras que la carga emocional tiene que ver con el “hubiera”. Una técnica eficaz para rescatar la tranquilidad emocional es hacerte esta pregunta: “Si un ser querido estuviese en mi lugar, ¿yo lo culparía igual?”.

¿Se puede cerrar un ciclo, aun sin haber reparado lo que sucedió?

Cerrar un ciclo a veces no significa enmendar lo que pasó, sino mirar el pasado desde otra óptica. No se trata de echar todo al olvido, se trata de asimilar e integrar la experiencia. No es cambiar el evento ocurrido, sino cómo vivir en paz aun a pesar de lo que te tocó vivir.

¿Sentir tranquilidad de nuevo implica que olvidé a alguien que lamentablemente perdí?

Para nada, en lo absoluto. Es erróneo pensar que mientras más sufrimos, más amamos o respetamos. Una resiliencia auténtica nos muestra que disfrutar cada día vivido es un homenaje a quienes ya se fueron. Sentirse tranquilo no resta valor a lo que sucedió; solo es la muestra de que la vida sigue.

¿Cómo sé cuándo un trauma bloquea mi presente?

Cuando pasas todas tus decisiones por el tamiz de la culpa, debes ponerte alerta. Si cuando disfrutas de algo sientes miedo, si al comenzar cosas nuevas inmediatamente te bloqueas, o te convences de que un futuro prometedor no es para ti, es porque el trauma sigue ahí.